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_MG_8875Entrevista a Kepa Murua, autor de ‘Un poco de paz’ y ‘Tangomán’

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-Después de Un poco de paz, novela intimista y detallista, se adentra de nuevo en el campo narrativo con Tangomán. ¿Hasta qué punto hay continuidad o ruptura en esa línea que empieza a trazar como novelista?

-Continúo con la novela y profundizo en el relato. En esta ocasión cambio el tono y la ambientación de la narración. Un poco de paz habla de los sentimientos con un gusto cuidado, Tangomán en cambio es la historia de un ser sin atributos, sin medida, que en el fondo, sin que lo sepa, busca el amor.

-¿Hacia dónde se encamina como escritor?

-Me gustaría responder a las necesidades expresivas que sacien mi inquietud como autor, arriesgarme en el aspecto formal como en la voz adoptada en cada ocasión y tener un buen puñado de lectores que me permitan publicar los libros que quiero escribir con regularidad.

-Pedro Muros, el protagonista, es un hombre gris que se revela como un consumado bailarín de tangos, de tal modo que lo que no consigue como uno, lo consigue como otro. ¿Tangomán es una novela sobre la otredad?

-Sí, pero también lo es sobre el oficio de vivir cuando nos relacionamos con la otredad. Y sobre el sexo o el deseo cuando los hombres y las mujeres se miran de cerca después de haber estado mucho tiempo a solas.

-La otredad de Tangomán, ¿no es la metáfora del escritor, que siendo uno finge ser muchos otros?

-Podría ser, pero en el caso de esta novela, espero que la identidad de su protagonista no se confunda con algunos rasgos propios del autor.

-¿El Kepa Murua-escritor y el Kepa Murua-poeta no son heterónimos del mismo Kepa Murua que paulatinamente van forjando su propia personalidad?

-Hay muchos Kepa Murua en mis libros. Me imagino que el asunto de la identidad y del nombre se debe a que me llamo como mi padre y además, cuento con un primo mayor que yo, un buen tipo, que también se llama Kepa Murua. Fue Jorge Oteiza quien me hizo jurar, que nunca, pasara lo que pasase, cambiaría el mío.

-En esta densa novela de 500 páginas hay drama y hay humor, una línea demasiado fina como para deambular por ella sin caer en el ridículo. ¿Se considera satisfecho con el resultado?

-Ha sido un trabajo intenso que me ha permitido escribir con un humor diferente. Distingo muy bien lo que escribo de lo que soy, y ya superé ese miedo al ridículo tan típico que nos impide crecer y reírnos de nosotros cuando más lo necesitamos.

-¿Hasta qué punto sacrifica el estilo en aras a un efectismo o la mera claridad expositiva?

-En la novela anterior, el estilo era importante, incluso fue definido como poético. En Tangomán no importa tanto, pues es una novela escrita a tumba abierta, en primera persona, y donde se muestra la existencia demencial y caótica de las personas que viven con lo que les ofrece el día a día, y donde las escasas referencias culturales son las revistas de serie B a las que es tan aficionado el protagonista.

-¿Qué reacción espera del público?

-Podría ser que se preguntaran sobre qué diablos pasa en este libro donde se mezclan tantas cosas, como el sexo con el amor, el baile con el boxeo, y el paso del tiempo con la edad de sus protagonistas.

-¿Cuánto hay de Kepa Murua en Pedro Muros o en Tangomán o Chiquito, si me apura?

-En la novela coloco algunas pistas relacionadas con los títulos de mis libros publicados. Kepa, además, en castellano significa Pedro, y Murua o Muros, que suena parecido, delimita con su significado ese muro que uno levanta para defenderse de la gente. Y sin embargo, no es una novela biográfica, sino exagerada que habla de un hombre desaprovechado que un día da con una tecla extraña para seducir y ser seducido también de una manera extraña por las mujeres que va conociendo con el pretexto del baile o del boxeo.

-Refleja a la perfección el mundo de los aficionados al baile y también el del boxeo ya que el protagonista acaba entre las cuerdas de un ring. ¿Cómo se ha documentado? ¿Se ha inspirado en personajes reales? ¿Conoce estos mundos en primera persona?

-Como todo bailarín frustrado, he tenido que volver a aprender los pasos y los movimientos del baile. Pero así como en el mundo del baile todo es imaginado, en el del boxeo me he permitido algunas licencias personales porque, aunque no se lo crea, lo practico de un modo regular.

-¿Qué tiene el tango que fascina como no fascinan otros bailes?

-La cercanía de los cuerpos; ahí no se puede mentir.

-¿No es una incongruencia mezclar tango y boxeo? ¿O hay concomitancias entre ellos? ¿De qué son metáforas el baile y el boxeo?_MG_8866

-El boxeo es baile y ambos son metáforas de la vida. La vida dura de la calle, la vida que se saca adelante como se puede, la misma vida que luego se enreda por la noche.

-El secreto, y el secreto familiar, como ocurriera en Un poco de paz aparece al final como esa bomba de relojería que pone patas arriba el relato. ¿Le obsesiona el tema? ¿Cree que cada familia tiene un cadáver en el armario de su pasado?

-La familia contiene la raíz que sostiene lo que vivirán sus miembros por separado, una vez que vuelen solos y piensen que son libres mientras lo hacen. Volver al pasado es encontrarse con la razón de cada situación personal.

-Pese a que el protagonista es masculino, Tangomán es otro universo de mujeres, caótico, variado… ¿Qué es la mujer para usted?

-La mujer es conocimiento, renuncia, transformación, inteligencia y belleza. Pero las mujeres de esta novela, aun siendo bellas a su manera, parecen todo lo contrario, pues están tan perdidas y solas como el protagonista masculino, ese Tangomán tan caótico y disperso como ellas.

 

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