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“(…) La señal del radiofaro del contenedor que lo guardaba llegaba fuerte a diecinueve kilómetros de su posición. James y Darren se dirigieron a pie portando un localizador. Lo encontraron sin mucha dificultad casi cuatro horas después de salir de la base. El cilíndrico contenedor que portaba el rover en sus entrañas se encontraba en un llano sembrado de rocas de múltiples tamaños. El paracaídas era volteado una y otra vez sin violencia por el débil viento que recorría la planicie. converted PNM fileJames activó el disparador que permitía la apertura de la popa. Sin mucho esfuerzo ambos bajaron el portón, que quedó ligeramente ladeado, con su base formando unos veinte grados respecto al suelo.

–Será mejor que lo coloquemos lo más paralelo al suelo que podamos –sugirió James.

–Desde luego, no me gustaría que volcara nada más sacarlo.

Darren extrajo una cuerda colocada en un pequeño compartimento situado en el casco interno del contenedor y se la entregó a su compañero. James insertó un ocho en uno de los anclajes del casco externo y ató la cuerda con un nudo fuerte y resistente. Se colocó a unos metros, junto a Darren, y esperó a su señal.

–En tres, dos, uno, ¡ya!

Ambos tiraron al unísono con mesura, provocando que el contenedor rodara lentamente sobre su eje transversal.

–¡Para! Echemos un vistazo –sugirió Darren.

El portón se encontraba ahora paralelo al suelo.

–Soltemos los amarres y protectores.

La carrocería se encontraba suspendida en el aire gracias a unos amortiguadores, a unos setenta centímetros del casco del contenedor. El sistema ideado había funcionado a la perfección, ya que no se observaba ningún tipo de deformación en la carrocería, ni siquiera rasguños. Los astronautas desenroscaron del casco los anclajes en donde estaban fijados los amortiguadores, y seguidamente tiraron del rover con ayuda de la cuerda. Suavemente el hermoso vehículo atravesó la rampa y pisó el suelo marciano.

Constaba de una cabina y un habitáculo contiguo con varias ventanas que podían presurizarse. Tenía además un pequeño compartimento de acceso desde el que se podía salir al exterior sin necesidad de cambiar la presión interna del hábitat principal. De esta manera cualquiera que necesitara salir podía hacerlo sin obligar a sus compañeros a ponerse el traje y el casco.

–Carguemos los suministros y larguémonos –dijo Darren–. Todavía tenemos que revisar el estado de sus sistemas principales y conectar la fuente de alimentación. –Sí, debemos apresurarnos.

El rover poseía un falso suelo dividido en dos grandes compartimentos. El diseño permitía realizar operaciones de reparación en caso de posibles averías. Se había tenido muy en cuenta la necesidad de evitar que las tripas del aparato se llenaran del polvo rojo que cubría absolutamente todos los rincones del planeta. Darren y James tuvieron que trabajar con los trajes puestos, ya que todos los sistemas se encontraban desconectados.

-James, quita los seguros de la pila de hidrógeno mientras yo establezco las conexiones del motor.

–Espera, Darren, no abras todavía la trampilla. Deberíamos quitarnos el polvo del traje. Al menos la mayor parte.

–Vale, saca el aspirador. Veamos si funciona.

–Debería…

De la pared más cercana a la cámara de despresurización James extrajo una máquina que se asimilaba a una enorme pistola, excepto por la anchura que presentaba el final del cañón. James accionó el disparador. Nada ocurrió.

–Vaya, creo que vamos a tener que saltarnos la limpieza del apartamento.

–¿Has girado la culata?

–¡Woops! –exclamó, mientras una mueca pícara aparecía en su rostro. La torsión de la pieza basal provocó el encendido de una luz LED azulada con forma circular, por encima del guante de James.

–¡Qué haría yo sin ti!

–Estarías criando malvas, James.

–No seas tan presuntuoso. A lo más, quizás me aburriría un poco –le contestó mientras golpeaba amistosamente la parte trasera del casco de su amigo.