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La vida de Claire de Duras, reflejada en su obra, es un ejemplo claro de cómo la vida tiene sus propios vericuetos y, en ocasiones, un sentido del humor bastante siniestro. Las tres novelas de Duras, de las que nosotros publicamos Olivier, están basados en experiencias personales de la autora. El traductor y prologuista de Olivier, José Ramón San Juan, ha buceado en ellas y da las claves interpretativas. De las dos primeras reproducimos un fragmento del estudio de San Juan. Para conocer las claves de Olivier no queda más remedio que hacerse con el libro que, por cierto, esta tarde se presenta en la librería Gil (19.30 horas), de Santander.

Es comúnmente aceptado que Claire de Kersaint tomó los argumentos de sus obras de la realidad circundante. Así se ha llegado a establecer que ‘Ourika’ parte de la historia de una niña senegalesa rescatada por el marqués de Boufflers a punto de ser embarcada en un barco negrero y entregada como regalo, de vuelta en Francia, a madame de Beauveau, quien la educó como a una hija más, sin imaginar el destino trágico al que la condenaba. El protagonista de ‘Edouard’ estuvo aún más cercano a la autora. El joven M. Benoist, hijo de un banquero burgués, se enamoró de su hija Clara, pero el duque de Duras rechazó de raíz el romance por tratarse de un ‘plebeyo’, El sarcasmo que con frecuencia rige la historia quiso que el padre del aspirante rechazado, Pierre-Vincent Benoist, protagonizase una carrera política fulgurante, alcanzando el puesto de ministro de Estado y miembro del consejo privado del Rey, quien en agosto de 1828 le concedió el título de conde. Afortunadamente para Mme. de Duras, fallecida en enero de ese mismo año, la muerte le ahorró una última reflexión amarga sobre la condición humana y el signo de los tiempos.

 

 

 

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