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Agonía

“Aquella noche había vuelto a mi casa completamente indispuesto. Imaginen como deseen las tribulaciones que pueden aquejar y herir a un hombre de mi humor y profesión. Un impresor había tirado sin consultarme una hoja llena de incorrecciones; el periódico de la tarde me había mostrado mi último libro alabado a traición por un amigo irónico; o cualquier otra desgracia así de grave.
Los elementos conspiraban con los hombres en mi contra aquella noche. Una tormenta de viento y lluvia hacía que mi ropa chorrease. Volvía chapoteando y mascullando, afligido, irritado, asqueroso y asqueado, con una mano sobre el sombrero para impedir que saliera volando y otra apretando el abrigo sobre mi pecho. Las doce campanadas de la medianoche nunca sonaron con voz más
siniestra en el reloj del palacio de las Cuatro Naciones.
De vuelta en mi casa, me dije, descansando la cabeza en la almohada: –¡Bueno, mañana voy a ver libros! y me dormí con este pensamiento consolador (…)”

El infierno del bibliófilo (fragmento). Charles Asselineau

Traducción: Guillermo López Gallego

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