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Ya tenemos en nuestro poder a Charles Asselineau y sus particulares infiernos musicales y bibliomaníacos. Son dos pequeñas novelas de hace 150 años que hemos recuperado con traducción del poeta Guillermo López Gallego y portada de Sara Huete. Ideales para leer con los pies en los morillos (Baudelaire dixit), al calor de un fuego hogareño, este otoño invernal que se avecina en todos los sentidos. Con este libro comenzamos nuestra pequeña contribución a la narrativa de recorrido medio.

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